viernes 2 de julio de 2010

Capitulo 1

Ahora me encontraba acostada en una gigante cama de sabanas de seda roja, la alcoba era grandísima más grande que mi casa. Me levante confundida no tenía ni la más mínima idea de donde me encontraba, - definitivamente no se trataba de mi casa – las paredes de aquel lugar eran color gris, con grabados de ángeles, demonios – imágenes bastante extrañas – todo ese arte tenia apariencia de ser como de la edad media – yo no sabía mucho de arquitectura así que dudaba de mi teoría - en la misma alcoba se encontraba un grande espejo con marcos de oro decorado con piedras preciosas, algo me hacia desconfiar, algo me asustaba de aquel espejo, entonces me posee delante de aquel espejo y como el más vanidoso narciso me quede observando a aquella mujer de cabellos color cobrizos, ojos color negro, y labios color escarlata, el rostro era hermoso a cualquiera le podía bajar el autoestima, ella vestía un ancho vestido color vino con detalles obscuros, cuando observe con más cuidado aquel hermoso rostro me di cuenta que se trataba de mi – las pecas, los rasgos tontos todo había desaparecido – no podía creer que yo fuera aquella hermosa mujer, que se reflejaba en aquel espejo. Empecé a tocarme el rostro con mis manos en gesto de confirmar que efectivamente se trataba de mi, una de mis manos se desvió a mi cuello, fue entonces cuando observe aquellos enormes agujeros – parecía que me habían mordido – desvié la mirada a mis manos ahora de color blanco como el granito – yo era distinta – mis negros y carbónicos ojos volvieron a posar la mirada en aquel espejo y con un asombro se dieron cuenta que este ahora solo reflejaba la imagen de un vestido flotando - ¡Mi reflejo había desaparecido! – gritaba en mis adentros ¿Qué era lo que me estaba sucediendo? Me preguntaba.

De pronto unos fuertes brazos me estrecharon en un musculoso y ostentoso dorso abrazándome asía el - yo estaba muy confundida - cuando pude separarme de “eso” pude observar aquella imagen borrosa de aquel hombre de belleza incomparable - ni el más precioso dios griego le comparaba en belleza.

Mis labios color escarlata querían besar a ese hermoso personaje, y de un empujón causado por aquella pasión que me quemaba en mis más profundos adentros me balancee hacia aquel poseedor de la mas ostentosa, exagerada y admirable belleza, arrebatándole así un beso – el más exquisito beso – sus labios eran duros y fríos al igual que los míos; él me sujetaba de la cintura manteniéndome así lo más cerca de él, su aliento olía a flores con un pequeño toque a cítricos los cuales perfumaban mi rostro, de una fuerte sacudida me alejo de su lado, yo azoté contra el suelo, pero parecía que no caía era como si me hubiera lanzado a un vacío infinito, cuando mi cuerpo se estampo – por fin – en el suelo, todo había cambiado… ahora me encontraba en un abismo obscuro… el hermoso hombre había desaparecido, ahora me encontraba sola, las lagrimas rodaron por mis mejillas – me daba mucho miedo aquella obscuridad.

Dentro de aquella penumbra una luz cegadora salió para alumbrarme, entre mas se acercaba aquella luz menos cegadora era, yo permanecía parada, observando aquella luz débil, de un escalofrió e percate que aquello no era luz, ni nada parecido, sino agua – agua a chorros que amenazaba con matarme.

Pronto aquella marea me alcanzo, me estaba arrastrando hacia mi propio lecho de muerte, de una zancada me desperté, pero para mi mala suerte en verdad me encontraba atrapada en las garras de las mas feroces aguas, estas golpeaban mi cuerpo con brusquedad – yo no era muy buena nadadora que digamos – estaban empeñadas en hundirme en sus adentros, yo luchaba manoteaba pero todo era en vanó, la única esperanza que me quedaba era que alguien me salvara. Así que comencé a gritar con todas mis fuerzas hasta que se me acabara la voz - ¡AUXILIO! ¡AYUDA! – repetía mientras las olas me arrastraban mas y mas. Las fuerzas se me habían acabado, la voz se estaba debilitando, - había perdido la batalla – comencé a orar, con la esperanza de que alguien poderoso escuchara mis oraciones a su tributo, y se compadeciera de mi. La oleada final me mando hasta lo más profundo de aquel rio, las fuerzas me faltaron, - me deje derrotar – el silencio se hizo presente, cerré fuertemente los ojos, estaba inconsciente y mareada.

- ¿Qué demonios? – murmure asombrada al darme cuenta que me encontraba recostada afuera de mi casa, la tierra estaba húmeda a causa de la lluvia, el sol se asomaba de entre las montañas, - era obvio que acababa de amanecer – este me quemaba ligeramente el rostro, arrugué la nariz – los rayos me encandilaron – estaba fuertemente confundida - ¿En realidad estuve a punto de ahogarme? – las imágenes, más bien los recuerdos de aquel hermoso personaje y mi reflejo, me invadieron la mente, mis ojos desviaron la mirada asía mis ropas y con gran sorpresa, observe aquella capa color negro, que me cubría la mayor parte del cuerpo – definitivamente alguien me había salvado aquella noche – despistadamente olfatee aquella capa, olía bastante bien tenía un aroma florar y cítrico, el olor me parecía conocido pero desconocía su procedencia.

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