sábado 19 de junio de 2010

Prologo




Ese día viví la mayor decepción de todas, me parecía imposible el hecho que Adam se dejara
llevar por las influencias de su madre el hecho me ponía histérica, ¿Por qué él me lastimaba así, si
decía amarme? Las lagrimas brotaban de mis ojos como fuentes, mi sollozos se podían escuchar
por toda la montaña, yo no tenía ganas de regresar a mi casa de seguro mi madre preguntaría
sobre cómo me fue en la presentación ante la familia de Adam, empecé a caminar rápidamente
por el boscoso suelo, pensando en mi mala desgracia, de pronto escuche unos pasos que venían
persiguiéndome, me asuste demasiado ya que la noche era más obscura, fría que muchas noches
anteriores, sin mirar a atrás empecé a correr veloz mente lo más rápido que pude, desvié la
mirada asía atrás con la esperanza que no hubiese nadie detrás de mí, me pare en seco cuando
me di cuenta que efectivamente no había nada, después de la corrida que me pegue a causa de
una falsa alarma me recosté en un gran tronco lleno de musgo.
– ¿Está usted bien señorita? – dijo la más increíble y melodiosa voz que jamás haya escuchado,
de un brinco me incorpore decentemente, mis ojos revolotearon ya que estaban viendo la cosa
más bella jamás vista por ninguna otra persona de este mundo, aquel caballero de piel marmórea
casi tan blanca como el granito, su cabello color rubio claro casi paresia blanco, y ojos tan negros como el carbón el era
hermoso tan hermoso que el solo verle dolia y bajaba la moral.
- ¿señorita esta bien? No se preocupe no le hare daño es solo que le he visto llorar por estas
desoladas montañas, solo e venido a ayudarle – el me estaba sonriendo, en eso los rayos lunares
le iluminaron su hermoso y perfecto rostro, lo cual me hizo ver que la palabra “perfecto” le
quedaba chica.

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