Sybil no dejaba de llorar, yo estaba que echaba lumbre por las orejas, Theresa estaba corriendo hacia donde me encontraba yo.
- ¡Estúpida! – dijo Theresa mientras me daba un fuerte puñetazo en el hombro.
- Theresa… mamá estaba besándose con el botijon, ¿A caso no entiende la fama que nos está dando? ¿Está loca? – Theresa puso ojos de plato – Jamás le volveré a hablar es una p… - Theresa levanto la mano izquierda y de una fuerte bofetada me volteo la cara.
- Mas, jamás vuelvas a referirte de nuestra madre, eso es pecado Emma… nuestra madre podrá ser como es, lo acepto no la estoy protegiendo… pero Emma tienes que respetar – aunque me doliera aceptarlo la odiosa de mi hermana tenia la razón.
- Theresa…- la mejilla me ardía a causa de la bofetada – no le importo que Sybil estuviera allí… maldición!!! La odio, la odio, y no me vengas con la cuestión del pecado, bien sabes, ¡No mentiras! Y todos esos de no engañar… blah blah blah!!!
Las lágrimas brotaban como fuentes de mis ojos, sentía la voz quebrada, La pequeña Sybil se había quedado dormida en mi regazo, parecía un pequeño angelito que acababa de caer en brazos de el más placentero sueño.
Un soplo de viento frio y entre cortante me puso la piel como de gallina, retire a Sybil cuidadosamente de mi y se la entregue a Theresa.
- Esta, poniéndose muy frio el ambiente – alcé la mirada, el cielo se estaba llenando de nubes grises amenazantes de una gran tormenta – yo volveré enseguida.
- ¿A dónde vas? – dijo mientras enarcaba una ceja – Está a punto de caer un diluvio ¿Te dará fiebre?
Me di media vuelta y le dije – Prefiero morir de fiebre que regresar a casa…- Theresa estaba a punto de echar el grito en el cielo – por ahora no tengo humor en volver.
Deje atrás a mis hermanas comencé a correr lo más rápido que pude, las piedras se incrustaban en mis pies el viento retiraba las lagrimas de mis mejillas secándolas por completo, solo podía ver los muros de color verde obscuro que me rodeaban, el sonido de mis pisadas era el único que me acompañaba aquella noche, unas manchas obscuras empezaron a teñir la tierra seca, volviéndola lodosa y húmeda.
Fui a refugiarme debajo de un árbol, pero no era suficiente – mi hermana tenía razón no era una lluvia la que se avecinaba si no un diluvio – estaba totalmente empapada y descalza, no tenía otra opción que adentrarme al bosque – así que fue lo que hice.
Las ramas de los árboles y pinos estaban enredados entre sí, lo cual protegía aquel penumbroso y obscuro lugar de cualquier gota de agua, aunque si se sentía lo húmedo.
Todo era muy callado ahí y obscuro, un lugar aterrador, me senté en el suelo poniendo mi rostro entre mis rodillas, me sentía de lo mas pésimo, pronto sentí como los parpados me pesaban, el cuerpo lo sentía encapotado por lo cual me recosté en el suelo dejándome así en los brazos de el más exquisito sueño…
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