Una brisa tocaba delicadamente mi rostro, el césped frotaba como un leve masaje mi piel color blanca, el viento jugueteaba cariñosamente con mi cabello rizado. Estaba a punto de dormirme en aquel prado tan verde y con destellos de margaritas y unas cuantas lilas, todo era muy colorido.
- Emma despierta, niña tontuela falta poco para que obscurezca, mamá debe de estar preocupada… ándate vámonos niña – mi hermana mayor Theresa, era muy controladora en cierto punto se parecía mucho a mamá.
- Está bien – consulte mi reloj ya que no había ni una sola seña de la luna o obscuridad – Theresa apenas y son las cuatro de la tarde, falta mucho para el crepúsculo, mejor recuéstate conmigo, respira aire fresco – me recosté lo más cómoda posible, mientras trataba de convencer a mi hermana.
- Ya te lo dije, si no te levantas en tres minutos te lo juro Emma no tardare en usar la fuerza – mi hermana empezó a decir una cuenta regresiva, yo simplemente no la escuchaba.
- Maldición Theresa – ella acababa de patearme con fuerza bruta en las costillas, yo era muy debilucha en cambio mi hermana, no era tan debilucha como yo “ella era la joyita de la familia” cabello rubio ojos color verde, ella era muy bonita, en cambio yo la chicuela delgaducha de cabello color cobrizo “bastante peculiar en Transilvania” y ojos color negro, la cosa más peculiar de este mundo – me lastimaste, le diré a mamá, ahora aléjate de mi vista “ogro” eres increíble acaso nunca mides tu fuerza – yo estaba que echaba lumbre por las orejas aquel golpe, por mi hermana me había dejado enfurecida, de seguro mi madre se apiadaría de su hija, que acababa de ser fuertemente golpeada por su hermana mayor.
- Si le vas con el chisme a mamá no me quedara de otra más que golpearte con todas mis fuerzas – Theresa estaba halándome fuertemente la oreja, tenía su cara lo suficientemente cerca de mi boca – puag!!! Eres una puerca Emma – acababa de escupir a Theresa. – de esta si no te escapas.
Theresa me empezó a perseguir por toda la cordillera gritando maldiciones, yo corría lo más ligera posible – no quería que me golpeara hasta morir – había olvidado los zapatos en casa por lo cual estaba completamente descalza, el vestido de manta blanca cosido por mi madre me hacia mas difícil el poder correr.
- Te lo juro Emma ahí de tu pobre alma que te llegue a alcanzar porque puñetazos os sobraran niña terca – Theresa estaba agachada tomando aire, creo que sus 18 años no pudieron contra mis cortos e infantiles quince años.
Yo seguí corriendo, mi casa estaba como a un kilometro de la capital Cluj-Napoca yo vivía en las cordilleras de esta, en una casita de material un poco decente, la casa constituía en tres cuartos – una cocina una recamara y un “baño” – para cuatro personas la casa estaba más que grande “en realidad no, pero… vivíamos muy felices” mi madre había decidido vivir allí ya que quería que sus hijas estuviéramos conectadas con la naturaleza – en pocas palabras “ella quería unas chicas salvajes” – según mi madre para 1900 ya nadie se acordaría lo bueno que es el aire puro para nuestros pulmones, - en realidad ella era un poco loca, apenas estábamos en 1820 cuando ella ya estaba pensando en cosas “raras”. Pero a mí me gustaba vivir en aquella montaña, nada ni nadie nos molestaba “el camino a la escuela era bastante odioso pero soportable”
Mientras más me acercaba a casa podía ver entre las verdes cordilleras el humo del fogón de mi madre, pero entre más cerca me encontraba mas escuchaba el llanto de mi pequeña y adorada hermanita Sybil la niña más hermosa que puede haber en este mundo – en realidad era igualita a Theresa – me gustaba mucho oírla reír, ella es una niña con ángel, cuando me encontré a pocos pasos de la puerta principal, pude oír de nuevo a Theresa gritar por venganza, así que me apresure a entrar a mi morada, cuando estaba a punto de articular una palabra pude ver a mi madre besuqueándose con Lord Bennett un viejo casado, con aires de grandeza solo por tener una tienda de zapatos, lo único que veía yo en el era un cráneo sin cabello y un estomago de botiga, la escena me pareció repugnante ellos dos “mi madre y Bennett” besuqueándose y Sybil llorando en su sillita de madera.
- ¡Estáis completamente loca madre! – mi madre se incorporo y me miro con asombro, la cara la tenia irritada, “de seguro a causa del desalineado bigote del botiga” rápidamente tome a Sybil entre los brazos, trate de salir lo mas dramáticamente de la sala. – Jamás volveré a hablarle madre.
esta muy guay Alondra!! y tambien el blog
ResponderSuprimirMee Gusthaa muchoo terminala prontho jaja ntCc..pero sii me gusthaa
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