Alondra... Izabel
lunes 26 de julio de 2010
Capitulo 2 "Sentimientos"
viernes 2 de julio de 2010
Capitulo 1
Ahora me encontraba acostada en una gigante cama de sabanas de seda roja, la alcoba era grandísima más grande que mi casa. Me levante confundida no tenía ni la más mínima idea de donde me encontraba, - definitivamente no se trataba de mi casa – las paredes de aquel lugar eran color gris, con grabados de ángeles, demonios – imágenes bastante extrañas – todo ese arte tenia apariencia de ser como de la edad media – yo no sabía mucho de arquitectura así que dudaba de mi teoría - en la misma alcoba se encontraba un grande espejo con marcos de oro decorado con piedras preciosas, algo me hacia desconfiar, algo me asustaba de aquel espejo, entonces me posee delante de aquel espejo y como el más vanidoso narciso me quede observando a aquella mujer de cabellos color cobrizos, ojos color negro, y labios color escarlata, el rostro era hermoso a cualquiera le podía bajar el autoestima, ella vestía un ancho vestido color vino con detalles obscuros, cuando observe con más cuidado aquel hermoso rostro me di cuenta que se trataba de mi – las pecas, los rasgos tontos todo había desaparecido – no podía creer que yo fuera aquella hermosa mujer, que se reflejaba en aquel espejo. Empecé a tocarme el rostro con mis manos en gesto de confirmar que efectivamente se trataba de mi, una de mis manos se desvió a mi cuello, fue entonces cuando observe aquellos enormes agujeros – parecía que me habían mordido – desvié la mirada a mis manos ahora de color blanco como el granito – yo era distinta – mis negros y carbónicos ojos volvieron a posar la mirada en aquel espejo y con un asombro se dieron cuenta que este ahora solo reflejaba la imagen de un vestido flotando - ¡Mi reflejo había desaparecido! – gritaba en mis adentros ¿Qué era lo que me estaba sucediendo? Me preguntaba.
De pronto unos fuertes brazos me estrecharon en un musculoso y ostentoso dorso abrazándome asía el - yo estaba muy confundida - cuando pude separarme de “eso” pude observar aquella imagen borrosa de aquel hombre de belleza incomparable - ni el más precioso dios griego le comparaba en belleza.
Mis labios color escarlata querían besar a ese hermoso personaje, y de un empujón causado por aquella pasión que me quemaba en mis más profundos adentros me balancee hacia aquel poseedor de la mas ostentosa, exagerada y admirable belleza, arrebatándole así un beso – el más exquisito beso – sus labios eran duros y fríos al igual que los míos; él me sujetaba de la cintura manteniéndome así lo más cerca de él, su aliento olía a flores con un pequeño toque a cítricos los cuales perfumaban mi rostro, de una fuerte sacudida me alejo de su lado, yo azoté contra el suelo, pero parecía que no caía era como si me hubiera lanzado a un vacío infinito, cuando mi cuerpo se estampo – por fin – en el suelo, todo había cambiado… ahora me encontraba en un abismo obscuro… el hermoso hombre había desaparecido, ahora me encontraba sola, las lagrimas rodaron por mis mejillas – me daba mucho miedo aquella obscuridad.
Dentro de aquella penumbra una luz cegadora salió para alumbrarme, entre mas se acercaba aquella luz menos cegadora era, yo permanecía parada, observando aquella luz débil, de un escalofrió e percate que aquello no era luz, ni nada parecido, sino agua – agua a chorros que amenazaba con matarme.
Pronto aquella marea me alcanzo, me estaba arrastrando hacia mi propio lecho de muerte, de una zancada me desperté, pero para mi mala suerte en verdad me encontraba atrapada en las garras de las mas feroces aguas, estas golpeaban mi cuerpo con brusquedad – yo no era muy buena nadadora que digamos – estaban empeñadas en hundirme en sus adentros, yo luchaba manoteaba pero todo era en vanó, la única esperanza que me quedaba era que alguien me salvara. Así que comencé a gritar con todas mis fuerzas hasta que se me acabara la voz - ¡AUXILIO! ¡AYUDA! – repetía mientras las olas me arrastraban mas y mas. Las fuerzas se me habían acabado, la voz se estaba debilitando, - había perdido la batalla – comencé a orar, con la esperanza de que alguien poderoso escuchara mis oraciones a su tributo, y se compadeciera de mi. La oleada final me mando hasta lo más profundo de aquel rio, las fuerzas me faltaron, - me deje derrotar – el silencio se hizo presente, cerré fuertemente los ojos, estaba inconsciente y mareada.
- ¿Qué demonios? – murmure asombrada al darme cuenta que me encontraba recostada afuera de mi casa, la tierra estaba húmeda a causa de la lluvia, el sol se asomaba de entre las montañas, - era obvio que acababa de amanecer – este me quemaba ligeramente el rostro, arrugué la nariz – los rayos me encandilaron – estaba fuertemente confundida - ¿En realidad estuve a punto de ahogarme? – las imágenes, más bien los recuerdos de aquel hermoso personaje y mi reflejo, me invadieron la mente, mis ojos desviaron la mirada asía mis ropas y con gran sorpresa, observe aquella capa color negro, que me cubría la mayor parte del cuerpo – definitivamente alguien me había salvado aquella noche – despistadamente olfatee aquella capa, olía bastante bien tenía un aroma florar y cítrico, el olor me parecía conocido pero desconocía su procedencia.
miércoles 30 de junio de 2010
Capitulo 1
Sybil no dejaba de llorar, yo estaba que echaba lumbre por las orejas, Theresa estaba corriendo hacia donde me encontraba yo.
- ¡Estúpida! – dijo Theresa mientras me daba un fuerte puñetazo en el hombro.
- Theresa… mamá estaba besándose con el botijon, ¿A caso no entiende la fama que nos está dando? ¿Está loca? – Theresa puso ojos de plato – Jamás le volveré a hablar es una p… - Theresa levanto la mano izquierda y de una fuerte bofetada me volteo la cara.
- Mas, jamás vuelvas a referirte de nuestra madre, eso es pecado Emma… nuestra madre podrá ser como es, lo acepto no la estoy protegiendo… pero Emma tienes que respetar – aunque me doliera aceptarlo la odiosa de mi hermana tenia la razón.
- Theresa…- la mejilla me ardía a causa de la bofetada – no le importo que Sybil estuviera allí… maldición!!! La odio, la odio, y no me vengas con la cuestión del pecado, bien sabes, ¡No mentiras! Y todos esos de no engañar… blah blah blah!!!
Las lágrimas brotaban como fuentes de mis ojos, sentía la voz quebrada, La pequeña Sybil se había quedado dormida en mi regazo, parecía un pequeño angelito que acababa de caer en brazos de el más placentero sueño.
Un soplo de viento frio y entre cortante me puso la piel como de gallina, retire a Sybil cuidadosamente de mi y se la entregue a Theresa.
- Esta, poniéndose muy frio el ambiente – alcé la mirada, el cielo se estaba llenando de nubes grises amenazantes de una gran tormenta – yo volveré enseguida.
- ¿A dónde vas? – dijo mientras enarcaba una ceja – Está a punto de caer un diluvio ¿Te dará fiebre?
Me di media vuelta y le dije – Prefiero morir de fiebre que regresar a casa…- Theresa estaba a punto de echar el grito en el cielo – por ahora no tengo humor en volver.
Deje atrás a mis hermanas comencé a correr lo más rápido que pude, las piedras se incrustaban en mis pies el viento retiraba las lagrimas de mis mejillas secándolas por completo, solo podía ver los muros de color verde obscuro que me rodeaban, el sonido de mis pisadas era el único que me acompañaba aquella noche, unas manchas obscuras empezaron a teñir la tierra seca, volviéndola lodosa y húmeda.
Fui a refugiarme debajo de un árbol, pero no era suficiente – mi hermana tenía razón no era una lluvia la que se avecinaba si no un diluvio – estaba totalmente empapada y descalza, no tenía otra opción que adentrarme al bosque – así que fue lo que hice.
Las ramas de los árboles y pinos estaban enredados entre sí, lo cual protegía aquel penumbroso y obscuro lugar de cualquier gota de agua, aunque si se sentía lo húmedo.
Todo era muy callado ahí y obscuro, un lugar aterrador, me senté en el suelo poniendo mi rostro entre mis rodillas, me sentía de lo mas pésimo, pronto sentí como los parpados me pesaban, el cuerpo lo sentía encapotado por lo cual me recosté en el suelo dejándome así en los brazos de el más exquisito sueño…
domingo 20 de junio de 2010
Capitulo 1 "Pecados"
Una brisa tocaba delicadamente mi rostro, el césped frotaba como un leve masaje mi piel color blanca, el viento jugueteaba cariñosamente con mi cabello rizado. Estaba a punto de dormirme en aquel prado tan verde y con destellos de margaritas y unas cuantas lilas, todo era muy colorido.
- Emma despierta, niña tontuela falta poco para que obscurezca, mamá debe de estar preocupada… ándate vámonos niña – mi hermana mayor Theresa, era muy controladora en cierto punto se parecía mucho a mamá.
- Está bien – consulte mi reloj ya que no había ni una sola seña de la luna o obscuridad – Theresa apenas y son las cuatro de la tarde, falta mucho para el crepúsculo, mejor recuéstate conmigo, respira aire fresco – me recosté lo más cómoda posible, mientras trataba de convencer a mi hermana.
- Ya te lo dije, si no te levantas en tres minutos te lo juro Emma no tardare en usar la fuerza – mi hermana empezó a decir una cuenta regresiva, yo simplemente no la escuchaba.
- Maldición Theresa – ella acababa de patearme con fuerza bruta en las costillas, yo era muy debilucha en cambio mi hermana, no era tan debilucha como yo “ella era la joyita de la familia” cabello rubio ojos color verde, ella era muy bonita, en cambio yo la chicuela delgaducha de cabello color cobrizo “bastante peculiar en Transilvania” y ojos color negro, la cosa más peculiar de este mundo – me lastimaste, le diré a mamá, ahora aléjate de mi vista “ogro” eres increíble acaso nunca mides tu fuerza – yo estaba que echaba lumbre por las orejas aquel golpe, por mi hermana me había dejado enfurecida, de seguro mi madre se apiadaría de su hija, que acababa de ser fuertemente golpeada por su hermana mayor.
- Si le vas con el chisme a mamá no me quedara de otra más que golpearte con todas mis fuerzas – Theresa estaba halándome fuertemente la oreja, tenía su cara lo suficientemente cerca de mi boca – puag!!! Eres una puerca Emma – acababa de escupir a Theresa. – de esta si no te escapas.
Theresa me empezó a perseguir por toda la cordillera gritando maldiciones, yo corría lo más ligera posible – no quería que me golpeara hasta morir – había olvidado los zapatos en casa por lo cual estaba completamente descalza, el vestido de manta blanca cosido por mi madre me hacia mas difícil el poder correr.
- Te lo juro Emma ahí de tu pobre alma que te llegue a alcanzar porque puñetazos os sobraran niña terca – Theresa estaba agachada tomando aire, creo que sus 18 años no pudieron contra mis cortos e infantiles quince años.
Yo seguí corriendo, mi casa estaba como a un kilometro de la capital Cluj-Napoca yo vivía en las cordilleras de esta, en una casita de material un poco decente, la casa constituía en tres cuartos – una cocina una recamara y un “baño” – para cuatro personas la casa estaba más que grande “en realidad no, pero… vivíamos muy felices” mi madre había decidido vivir allí ya que quería que sus hijas estuviéramos conectadas con la naturaleza – en pocas palabras “ella quería unas chicas salvajes” – según mi madre para 1900 ya nadie se acordaría lo bueno que es el aire puro para nuestros pulmones, - en realidad ella era un poco loca, apenas estábamos en 1820 cuando ella ya estaba pensando en cosas “raras”. Pero a mí me gustaba vivir en aquella montaña, nada ni nadie nos molestaba “el camino a la escuela era bastante odioso pero soportable”
Mientras más me acercaba a casa podía ver entre las verdes cordilleras el humo del fogón de mi madre, pero entre más cerca me encontraba mas escuchaba el llanto de mi pequeña y adorada hermanita Sybil la niña más hermosa que puede haber en este mundo – en realidad era igualita a Theresa – me gustaba mucho oírla reír, ella es una niña con ángel, cuando me encontré a pocos pasos de la puerta principal, pude oír de nuevo a Theresa gritar por venganza, así que me apresure a entrar a mi morada, cuando estaba a punto de articular una palabra pude ver a mi madre besuqueándose con Lord Bennett un viejo casado, con aires de grandeza solo por tener una tienda de zapatos, lo único que veía yo en el era un cráneo sin cabello y un estomago de botiga, la escena me pareció repugnante ellos dos “mi madre y Bennett” besuqueándose y Sybil llorando en su sillita de madera.
- ¡Estáis completamente loca madre! – mi madre se incorporo y me miro con asombro, la cara la tenia irritada, “de seguro a causa del desalineado bigote del botiga” rápidamente tome a Sybil entre los brazos, trate de salir lo mas dramáticamente de la sala. – Jamás volveré a hablarle madre.